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3 de abril de 2011

Apenas Un Minuto


Para Santiago

Apenas un minuto suspira la vida
y por un minuto en el reloj del cielo
la fruta madura y gira entre los dientes
como los engranes del aire a los pulmones
minuto a minuto el tiempo se hace ahora
y en manos de las horas quedamos ya sin tiempo
pero en el suspiro entra el aire todo
y abrimos la garganta al fuego que no espera
pero sí el fruto de las manos
el piro
la hoguera de las horas convertidas
en suspiros
y apenas un minuto la vida gira
como un corazón de arena
el polvo del tiempo
y todo lo que queda
en el toque de la noche la luz de una pera
el fruto de la espera
delicia de la boca en los dientes de la vida
y apenas un minuto de amistad sincera.

Autor: Alejandro Rosales Lugo
Imagen: "Juan José De la Garza", Alejandro Rosales Lugo.

6 de julio de 2009

Alejandro Rosales Lugo


El maestro Alejandro Rosales Lugo, pintor y poeta de Ciudad Victoria, Tamaulipas.

30 de abril de 2009

Lámpara de Letras



Mientras la lámpara de escritorio deja caer su luz
como un pájaro nocturno picoteo las teclas
que brincan de una letra a otra
levantando palabras
en las yemas de mis dedos
que tocan como si fuera un piano
las letras de tu nombre en las formas
en que esta noche me amparo

Autor: Alejandro Rosales Lugo

3 de febrero de 2009

Todo


Lo que tus manos tocan
lo que tus ojos miran
lo que tu oído escucha
lo que tu corazón contiene
y el espíritu de un Dios invisible que te lleva
por los caminos sagrados de las letras
cantando, soñando, el trabajo de ser mujer
y estar viva como una fruta para mi boca.

Autor: Alejandro Rosales Lugo.

29 de mayo de 2008

Tortugas y Lagartijas

Por Alejandro Rosales Lugo.

Un po­co de tor­tu­gas y otro de la­gar­ti­jas. Eso so­mos en los bra­zos en­de­mo­nia­dos del sol. Ya no hay pri­ma­ve­ra ni ve­ra­no por­que to­da la pe­lo­ta es­tá ca­lien­te. Nos va­mos de "sur­fing" en el smog ci­ta­di­no y los ti­bu­ro­nes nos pren­den la co­li­flor. El mun­do es­tá lo­co lo­co y to­do se po­ne bi­za­rro, los de ade­lan­te co­rren mu­cho y los de atrás se que­da­rán tras tras ya la ca­sa se ca­yó... En Al­ta­mi­ra, la tie­rra de Cuco Sán­chez, un co­co­dri­lo o la­gar­tón le aga­rró la pier­na a un cris­tia­no que se que­ría po­ner bo­tas de pes­ca­dor.

Y tunca­chun ra ra, le aga­rró su pa­ta de va­ca y lo de­jó de­san­gra­do, ya no nos po­de­mos con­fiar ni de la tía, ni del tío, y me­nos de la an­te­sue­gra por­que el ca­len­ta­mien­to glo­bal nos nu­bla la vis­ta y co­mo pe­rros con ra­bia des­co­no­ce­mos los cha­mo­rros de la pri­ma o cu­ña­da.

An­da­mos con las ce­jas caí­das, los pár­pa­dos de som­bri­lla, las pes­ta­ñas de Juan Pes­ta­ña con re­lez pa­ra que pren­da la go­ta ca­lien­te del su­dor.

Si va­mos por la ca­lle, o la es­cue­la, o en el tra­ba­jo sa­lu­dan­do de be­cho becho, se nos pe­ga la sal y la man­te­ca co­mo “re­fil” de co­lo­re­te y per­fu­me ba­ra­to. Nos dan be­sos que “jie­den” y si los da­mos no­so­tros, le­van­ta­mos el per­fu­me con to­do y mar­ca.

Nos trae­mos la sal y la ha­ri­na, y con dis­cre­ción es­cu­pi­mos por un la­do. Con es­te ca­lor se po­drá ca­len­tar la ga­lle­ra y las po­lle­ras, pe­ro lo cier­to [es] que las bocas hue­len a cen­ta­vo de co­bre y taqui­tos ca­lle­je­ros.

Aho­ra, éche­le bien, con es­tá tem­po­ra­da de pa­tas apes­to­sas, de nal­gas suda­das, de bi­sa­gras pegajo­sas, los ali­men­tos se des­com­po­nen. Hay de us­ted si se arries­ga, se­ño­ra o se­ñor, si se avienta unos ca­ma­ro­nes o unos os­tio­nes en la calle por­que va di­rec­to al cero Mo­re­los. Es­to es que es­ti­ra la pa­ta. Y si le gus­ta la ve­ge­ta­ria­na, pues a qué le ti­ra cam­peón o cam­peo­na. Si la fru­ta es­tá su­cia, por­que los ven­de­do­res no tie­nen ba­ño am­bu­lan­te, no se la­van las ma­nos, y el ca­lor de cuarenta y cinco gra­dos nos la lle­na de salmonela.

Bien, an­da­mos co­mo la­gar­ti­jas en las ro­cas y tor­tu­gas ca­lien­tes dan­do vuel­tas y mor­dien­do. Sí, mor­dien­do a es­te pin­che ca­lor que nos vi­drea los ojos y nos calien­ta el cal­zón. No me sa­lu­den mejor, que me pe­gan bac­te­rias per­fu­ma­das y, co­mo soy dia­béti­co, me man­dan a bo­lar, (de bo­lo) cua­dra­do, por no de­cir una pa­la­bre­ja.

Tomado del periódico electrónico Expreso
[28 de mayo, 2008]

9 de julio de 2007

Implume

I

Pájaros en vuelo hacia el cosmos del poema
no vuelven alas al origen de playas inhóspitas. (1)
Es el olor a tinta lo que los mantiene,
el sabor de las letras lo que los deslumbra. (2)
Las palabras se han cubierto de alas y echan a volar,
las olas de un mar en el aire que sabe de canto (3)
y no hay cielo en el cielo ni mar en el mar
y sin embargo hay aves que saben buscar. (4)
Mi ávido amar besa el cielo de mares inhóspitos
y me enloquecen tus alas de mariposa ancestral, (5)
efímera explosión de letras, como vuelo de colibrí,
aparece y desaparece el espejismo de tu creación. (6)
En la amplitud marina la luz se expande,
divina brisa de la ilusión se apodera, (7)
de mis inquietudes varias: cual dactilo errante
surges tú, amanuense en ciernes cargado de infinitos, (8)
¿por qué sigues corrompiendo mi mar con alboroto
si en festin de viento y sol me sabes implume? (9)

Título:
Rossy Evelin Limá

Autores:
(1) Ramiro Rodríguez
(2) Federico Fernández
(3) Alejandro Rosales Lugo
(4) Elvia Ardalani
(5) Roberto de la Torre
(6) Teresa Loera Loera
(7) Raquel Rodríguez Brayda
(8) Juan Antonio González
(9) Rossy Evelin Limá


13 de junio de 2007

El Paisaje del Cuerpo


Alejandro Rosales Lugo nació en Ciudad Victoria, Tamaulipas, el 7 de febrero de 1945. Es periodista, narrador y poeta, además de ser uno de los pintores tamaulipecos más importantes. Inició sus estudios de artes plásticas en su ciudad natal, que luego habría de continuar en Roma a finales de los setenta. En la capital del país realizó estudios de Filosofía y Letras en la UNAM y fue becario en St. Michaels College, en Vermont. Ha expuesto su arte pictórica en México, Estados Unidos y Europa. En los últimos años ha participado en el Congreso Binacional de Literatura Tamaulipas-Texas, en Matamoros/ Brownsville; y en el Encuentro de Escritores Voces en la Frontera, en Reynosa/McAllen. Imparte talleres de creación literaria y de pintura en diversos municipios del estado. Está incluido en diversas antologías poéticas a nivel nacional, además de haber publicado los siguientes libros de poesía: Bicicleta de poesía (1974), Mamaleón (1978), El paisaje del cuerpo (1998) y De Adán a Cezanne pasando por Newton (2005).



El cuerpo

(Es cosa de dejar que el cuerpo y sus costumbres se disuelvan en otros moldes de arena)


El cuerpo es un pez grabado por los siglos
Es una armonía que viaja desnuda
A golpes de luz se erige una estrella
A golpes de viento en hojas
El cuerpo se abre como celeste pez
En mar celeste
Es casa de sí mismo
Estampa tan antigua/tan nueva y tan distinta


V

Crezco como un sueño húmedo
En mí circula la emoción del viento
No tengo nombre
Soy lo que tú eres.

El tiempo camina en mis adentros
Y en frágiles instantes se evapora

Más allá de tu cuerpo está la vida
Ayer
El río
Pasó en nosotros
Como una serpiente disuelta en luna
Eras
Un fresco lirio en mis riberas
Recuerdo que tu cuerpo tenía un olor a almendras.


XXI
A Gemma Testi Nardi


Un aire húmedo de ruinas
Precipita a la memoria de los ojos
El encaje celeste de los mares.

Te escucho lluvia saltar entre las piedras
Campanas van campanas vienen
En los vitrales de la tarde.

Fuentes flores murciélagos de agua
En los labios de las calles
La lluvia camina en ti ciudad
Con su ondular de nubes en las torres.


XXXIX

A Rosaelia, Rosalía, Rosbiel, tres ríos

Nos metimos en el río y el río se volvió mar
Cuando llegamos a casa la sala era un acuario
Abrimos las ventanas para que escapara la sal
Salimos del mar y el mar se volvió río
Cuando llegamos a casa de lirios invadida
Abrimos las ventanas para que escapara el sol.

En el bosque los ríos cantan
En el mar las sirenas cantas.

Esa ansia vegetal que nos circunda
Como un rabioso y transparente río
Nos vuelve casi aves y casi flores
Hundidos por un sol de trigo
Porque antes que amantes somos árboles
Árbol es tu cuerpo deshojándose
Árbol es mi cuerpo floreciendo
Árboles somos y en los caminos
En fruta y sombra andamos.



Disección

A Víctor Hugo y Socorro

Si abrimos un árbol por su frente
Encontramos nubes oxidadas
Pájaros
Aviones antiguos
Si cortamos su cintura hallaremos polvo
De los besos
Y si desnudamos la raíz
Ladrarán los perros.

Aserradero:

Entre los dos crece el tiempo encanecido
Como los versos en el árbol
Lejos del cerco
Bajo los postes mágicos del cielo
Nuestros cuerpos reverdecen.

De El paisaje del cuerpo (1998)